domingo, 14 de agosto de 2011

Gran fiesta de la fe en el Auditorio Municipal

Los jóvenes del papa viven en Málaga un anticipo de la JMJ en un acto multitudinario.

Una reliquia de Juan Pablo II presidió la oración, que reunió en un ambiente festivo a más de 7.000 católicos de 39 países.

Fuera sonaba la música dance de moda; dentro se hacía el silencio. Fuera empezaban a encenderse las luces de las atracciones en el Real de la Feria de Málaga; dentro se rezaba. Más de 7.000 católicos de 39 países de un extremo a otro del mundo vivieron ayer en Málaga un anticipo de lo que en unos días será Madrid con la presencia de Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud. El Auditorio Municipal Cortijo de Torres acogió una multitudinaria celebración diocesana en la que hubo tiempo para la oración y el recogimiento, pero también para la diversión, la música y el baile.

Una reliquia de la sangre del beato Juan Pablo II -traída desde Polonia por un sacerdote rumano- presidía el acto religioso desde el escenario, junto con una cruz y una imagen de la Virgen de la Victoria. «Todos le queríamos mucho y ahora podemos implorarle para que nos ayude a sacar buen fruto espiritual de estas jornadas», declaró el obispo de Málaga, Jesús Catalá, que dio la bienvenida en español, portugués, italiano, francés e inglés a los congregados. Antes lo había hecho -también en varias lenguas- el alcalde Francisco de la Torre. «Tenemos la suerte de que representaciones de los cinco continentes están enriqueciendo Málaga», señaló el regidor.

Al otro lado, miles de jóvenes ondeaban las banderas de sus países, gritaban su nacionalidad y coreaban cánticos. Y es que, antes y después de la meditación y la oración, el Auditorio Municipal era una fiesta con mucho ritmo. Se escuchaban guitarras, tambores y hasta castañuelas. «Estamos conociendo la cultura española», bromeaba el brasileño Patrick Oliveira mientras trataba de tocar el instrumento.

Una experiencia única

«Es una experiencia única. Hemos cruzado todo el mundo para estar aquí. ¡Es un sueño!», exclamó la paraguaya Analía Ruiz junto a su nueva amiga, la mexicana Jameleth Ramos. «Ese es el espíritu, que todos nos unamos, porque somos uno detrás de Cristo, sin diferencias. A veces no sabemos cómo comunicarnos, pero basta con un abrazo o una sonrisa», añadió la joven.

Estar en Málaga es una aventura para muchos. «He perdido clases en el instituto... pero por ver al Papa lo dejaría todo», dice la ecuatoriana Mary Armijos, de 16 años. A punto de no llegar a la cita estuvieron unos 150 argentinos, que con fuerza se hicieron oír ayer. «Tuvimos muchas trabas, hubo un paro en las aerolíneas... pero nos pusimos todos a rezar y aquí estamos», relató el seminarista Sebastián Cabrera, de 28 años.

Pero para otros este viaje significa algo más. Desde Irak llegaron Basman Allas, de 29 años, y otros 85 jóvenes compatriotas de la minoría católica de aquel país. Han dejado atrás por unos días una «nación inestable y dividida, con secuestros y asesinatos frecuentes». «Lo que estamos viviendo aquí con aquello es como el blanco y el negro, totalmente diferente», contó un «emocionado e ilusionado» Allas, que por primera vez sale de casa. Nagui Demián acompañaba desde Egipto a unos 40 jóvenes. Al igual que en Irak, en su Estado no hay muchos católicos -«somos un 10% de la población», explica-, por eso se sorprende y «maravilla» de «cómo los españoles viven su fe».

Frente a quienes dicen que la juventud está perdida... «estos saben dónde están y hacia dónde van porque tienen como referencia a Cristo», reflexionó el obispo de Málaga. En su opinión, los jóvenes del papa son un ejemplo «de alegría, esperanza y fraternidad». «Dan impresión de vida por donde pasan», concluyó.

Ellos también lo creen así. «Estamos enviando al mundo un mensaje de esperanza, porque somos el futuro», corroboró Carlos Lara, joven canadiense de padre mexicano. «Algunos nos miran como el problema de la sociedad, que no queremos responsabilidades, pero nosotros creemos en la transformación y podemos ayudar a cambiar esta sociedad», añadió Oliveira. «Somos los que vamos a contracorriente de como va el mundo», apuntó el argentino Esteban García.

Tras la actuación del grupo cristiano Shalahim, el olor a incienso anunciaba que la ceremonia iba a comenzar. Medio centenar de sacerdotes y obispos de todas las razas acompañaron al obispo de Málaga hasta el altar en que se transformó el Auditorio. El acto religioso finalizó con un desfile de las banderas de los más de 30 países que han hecho parada en la provincia. Después, más música. Y esto no ha hecho más que empezar. Próxima parada: Madrid.

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